La cuestión ética más relevante con respecto a algunas vacunas predispuestas contra el virus SARS-CoV-2 que causa el Covid-19, es su diseño, habiéndose desarrollado a partir de líneas celulares derivadas de tejidos obtenidos de dos abortos del siglo pasado, precisamente de los años 1972 y 1972. 1985. Esto ha creado muchas dudas, perplejidades y preguntas.

La respuesta a estas dudas la ofrecieron dos documentos de la Santa Sede: «Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la moralidad del uso de ciertas vacunas anti-Covid-19» de 21 de diciembre de 2020 y «Vacuna para todos». , 20 puntos para un mundo más justo y más saludable” de la Comisión Vaticana Covid-19 y de la Pontificia Academia para la Vida del 29 de diciembre de 2020. Examinaremos el primer documento que consta de seis puntos.

1. RESPONSABILIDADES DIVERSIFICADAS EN LA COOPERACIÓN DEL MAL

Dice la Nota. “En las empresas que utilizan líneas celulares de procedencia ilícita, no es igual la responsabilidad de quien decide el rumbo de la producción (quien las diseña) que de quien no tiene poder de decisión (quien las utiliza)”.

2. INTERROGATIVO: ¿ES MORALMENTE LEGAL EL USO DE VACUNAS CON LÍNEAS CELULARES DE FETOS ABORTADOS?

Cuando no se dispone de vacunas “éticamente impecables”, también es moralmente legítimo vacunar a quienes han utilizado líneas celulares de fetos abortados en el proceso de investigación y producción. Y aquí – la Nota – subraya la diferencia entre «fetos abortados» y «líneas derivadas» de abortos que datan del siglo XX ya cultivadas en años posteriores para otras vacunas.

3. MOTIVACIONES

Moralmente lícito; ¿porque? La cooperación material de quienes reciben la vacuna es «pasiva» ya que no participaron en la ejecución del acto, es decir, en la matanza deliberada de un inocente. Además, esta es “remota”, es decir, lejana en el tiempo, habiendo utilizado células ya disponibles en laboratorios desde los años 70-80, almacenadas durante años en frigoríficos y destinadas a un abandono seguro. Todo esto, subraya la Nota, no es una legitimación, ni siquiera indirecta, de la práctica del aborto.

Se destaca entonces una segunda razón: el gravísimo e irrefrenable peligro para la vida humana que supone la propagación pandémica del virus SARS-CoV-2 que provoca la Covid-19, y que sólo la vacuna puede interrumpir o al menos controlar. Finalmente, el alargamiento del tiempo de vacunación podría dar lugar a la aparición de variantes más contagiosas, más letales o más resistentes.

4.TRABAJAR POR SOLUCIONES ALTERNATIVAS

Es una invitación, de futuro, a las empresas farmacéuticas a producir y ofrecer vacunas que no despierten problemas de conciencia.

5. LA VACUNACIÓN NO ES UNA OBLIGACIÓN MORAL SINO UN COMPROMISO CON EL BIEN COMÚN

¿Y a quién le gustaría evitar la vacunación? “La vacunación -afirma la Nota- no es, por regla general, una obligación moral y por tanto debe ser voluntaria” pero, al mismo tiempo, es un deber perseguir el bien común cuando no existan otros medios para prevenir o detener una epidemia. En consecuencia, quienes la rechacen por motivos de conciencia tienen la obligación de adoptar conductas y medidas preventivas adecuadas para no comprometer la salud de los más vulnerables.

6. ACCESIBILIDAD DE TODOS A LAS VACUNAS

La Nota concluye con un llamado a que incluso a las poblaciones de los países más pobres se les ofrezca la oportunidad de vacunarse. Sólo así, en el contexto de la globalización, todos podrán adquirir seguridad sanitaria y superar las injusticias y discriminaciones de las que todavía son víctimas muchas naciones.

Don Gian María Comolli

Bioético, sociólogo, bloguero