Reseña del libro de Giorgia Brambilla «Come olio di nardo», IF Press 2022

¿Quién le teme a la familia? En tiempos de “sociedad líquida” y de disolución más o menos forzada de los valores tradicionales, es más útil que nunca invertir completamente la perspectiva y devolver a la familia el papel que nunca perderá: el de primera célula de la sociedad. Con este fin, el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum ha publicado una colección de ensayos de varias manos, íntegramente orientada a la reconstrucción y revalorización de la institución familiar.

El volumen, titulado «Come olio di nardo» (IF Press, 2022), está editado por la profesora Giorgia Brambilla, bioeticista y profesora del APRA y de la Pontificia Universidad Lateranense. El libro tiene un prefacio de Stanislaw Grygel y contribuciones, entre otros, de Roberto Marchesini, Giuliano Guzzo, Furio Pesci, Massimo Losito, Rachele Sagramoso, Michael Ryan.

El punto de partida es el de la sociedad líquida actual, marcada por un fuerte consumo y débiles lazos afectivos. He aquí pues una humanidad más voluble que nunca, inmadura y eternamente entregada a sus fatuos deseos. La familia, por el contrario, es una realidad sólida por excelencia, con todo respeto por quienes la siguen combatiendo de manera sutil, caricaturizándola, deformándola o manipulando su identidad según los oportunismos de algunos. Así, explica Giorgia Brambilla, “si todo es familia, nada es familia” y conseguimos empujar la institución familiar “hacia lo artificial, casi un híbrido a medio camino entre lo humano y lo inhumano si no post-humano; y así como la ingeniería genética hace indistinguibles naturaleza y cultura, la sociedad actual sitúa a la familia en el horizonte de lo disponible y manipulable, posibilitando formas de relación familiar antes impensables”.

Hasta aquí la «pars destruens». La buena noticia es, en efecto, que “la familia resiste los intentos de “liquidarla” manteniendo su propia identidad y densidad; y, como un aceite precioso y perfumado, inunda a la sociedad con su esencia”. La metáfora del aceite de nardo, que recuerda la Pasión y Muerte de Jesucristo, implica «un amor sin medida, capaz de sacrificio, deseoso de dar vida». Como el aceite de nardo, la familia “es un bien precioso para el individuo y para la sociedad, que se difunde, no se encierra en sí mismo, porque está hecha del amor, el verdadero, que engendra y resiste las inclemencias de la vida” .

En este sentido, la pandemia, sobre todo en sus etapas iniciales, las más severas, ha supuesto un auténtico «encierro doméstico» que, con las previsibles dificultades del caso, «nos ha brindado la oportunidad de reflexionar que es desde la familia». que debemos salir nuevamente para superar el individualismo en el que estamos varados como sociedad”. Una preciosa oportunidad para recordar que es precisamente en la familia donde se aprende el «bien común», la «belleza de la vida humana, especialmente de la más frágil» y «se cultiva la virtud de la justicia».

El texto, aunque «laico» en lógica y formulación, se basa en gran medida en la enseñanza de la Iglesia Católica y se inspira en el año «Famiglia Amoris laetitia», inaugurado por el Papa Francisco el 19 de marzo de 2022, inspirado en el ideal de la vida conyugal y el amor familiar encarnado por Jesús, María y José y subrayado en la Exhortación Apostólica del mismo nombre cinco años después de su promulgación.

luca marcolivio

Editor de la revista de noticias Chai & Life