1. Las tres palabras negativas del «fin de la vida»: eutanasia, suicidio asistido, persistencia terapéutica.

Eutanasia

Eutanasia significa «buena muerte» y deriva de la palabra griega εὐθανασία, compuesta de εὔ (bien) y θάνατος (muerte). Este es el deseo de todos. A cada uno de nosotros le gustaría pasar el último período de su vida en paz, adecuadamente asistido y rodeado del amor y el cariño de las personas que más quiere.

La eutanasia tiene una historia muy larga a sus espaldas pero irrumpió violentamente en Europa en los años 40 del siglo XX, donde el régimen nazi activó el «Programa T 4» que exterminó a más de 70.000 personas catalogadas como «indignas de vivir». Actualmente es legal en siete países del mundo: Holanda, Bélgica, Canadá, Luxemburgo, España, Colombia y Nueva Zelanda. En los primeros cuatro países durante muchos años con resultados dramáticos, en los últimos tres durante unos pocos meses (ver G.M. Comolli, Eutanasia. If you know it, fight it. De la ideología a la realidad, Youcanprint 2021, pp. 13-29).

Algunas reflexiones sobre la eutanasia.

Relación médico-paciente

La legalización de la eutanasia cambiaría el rol milenario del médico y comprometería irremediablemente la “confianza”, elemento fundamental de la relación médico-paciente así como la “alianza terapéutica”, introduciendo situaciones de suspicacia, desconfianza y desconfianza en esta relación.

Deformación de la profesión sanitaria

Recitando el Juramento Hipocrático, el médico jura, al iniciar el ejercicio de su profesión, operar en «el interés superior del paciente», así como «perseguir la defensa de la vida, la protección física y psíquica del hombre y el alivio del sufrimiento». que inspirará “todo acto profesional con responsabilidad y compromiso científico, cultural y social constante” (Cfr.: FNOMceO, 2007). Pues bien, procurar la eutanasia está en total oposición con las obligaciones éticas así como con el ápice de los principios éticos en salud que engloba el fin primordial de la profesión médica: el principio de beneficencia (o beneficencia).

Las expectativas del paciente

La mayoría de los médicos que trabajan en salas de oncología o hospicios dan fe de la parcialidad y falsedad de la principal motivación destacada en la solicitud de una ley que legalice el suicidio asistido y la eutanasia: «el deseo del enfermo terminal», transformando, indignamente, este argumento en un terreno de conflicto ideológico. Incluso las súplicas de algunos: “déjame morir”, expresadas en momentos de desesperación, de dolor agudo o en situaciones de soledad, son invocaciones de ayuda y no deseos de muerte. Cuando se ofrece auténtica y fraternal cercanía y válido apoyo terapéutico a los enfermos terminales o gravemente discapacitados, acompañándolos hasta la muerte, desaparece la petición de eutanasia.

Aparte de la autodeterminación… ¡¡la eutanasia es una restricción subliminal!!

La eutanasia es una «presión formidable» sobre las personas vulnerables, ya que los enfermos y los discapacitados sólo son libres formalmente, viviendo en una condición de total fragilidad existencial, psicológica y emocional. Piénsese, por ejemplo, en las solicitaciones de “quitar el disturbio” que se podría ejercer sobre los ancianos, los deprimidos o los discapacitados, culpándolos de sus costos sociales.

El papel de los miembros de la familia.

¡Acompañar a un familiar enfermo o gravemente discapacitado en el período terminal de la vida para que “muera dignamente” es un acto de amor auténtico y real! Esta visión choca con la de quienes insinúan en sus familiares la duda de que procurar la muerte de su ser querido es una excelente manera de demostrar afecto, es decir, «un bien» hecho hacia él, olvidando que la «lástima» no se manifiesta en reprimiendo sino acogiendo.

Además, no podemos olvidar que en ocasiones la solicitud de “despedir” a un familiar viene dictada por la angustia que provocan algunas patologías en los familiares del paciente. Si el desánimo es obvio, una elección de muerte para deshacerse rápidamente de «algo» que es «alguien» es inaceptable.

suicidio asistido

El suicidio asistido es facilitar que el paciente acabe con su vida. La única diferencia con la eutanasia concierne a quien realiza el acto: la eutanasia, el trabajador de la salud; suicidio asistido, la persona misma.

A nivel ético, la valoración es similar: siempre es la colaboración que se ofrece a la persona para que muera, y no como se dice comúnmente en “ayudar a morir”, ya que “ayudar” significa asistir a un moribundo a fallecer. , aliviándolo del dolor, diciéndole que deseamos su presencia en la tierra hasta el final, estando dispuestos a luchar juntos en el sufrimiento y en el camino hacia su destino eterno. En los países que han introducido la eutanasia, la discusión giró primero en torno al «derecho al suicidio» y luego pasó a la «muerte dulce» con el tiempo.

persistencia terapéutica

Es el intento de bloquear artificialmente un desenlace final natural, prolongando el proceso biológico y la agonía, impidiendo una muerte digna. El exceso de tecnicismo, el enfoque altamente especializado, la negativa a la muerte, son las principales causas que inducen, en ocasiones, a intervenciones desproporcionadas.

La Doctrina Católica, el Código de Deontología Médica (art.14), el Convenio Europeo de Oviedo (art.9), rechazan la persistencia de una terapia consciente del derecho a morir con dignidad, sin máquinas ni fármacos que prolonguen una apariencia de vida que , de hecho, se ha ido.

2. La palabra positiva del “final de la vida”: Cuidados Paliativos

El tipo de intervención que real y concretamente favorece “morir con dignidad” son los Cuidados Paliativos. «Obedeciendo a una visión holística de la medicina, que toma en consideración a la persona humana en su totalidad unificada de espíritu y cuerpo, los cuidados paliativos ofrecen al enfermo terminal una terapia global (cuidado total), cuyos resultados son, en la mayoría de los casos, , verdaderamente sorprendente” (M. Cascone, Diakonìa della vita. Manual de Bioética, Edición Universidad de la Santa Cruz, Roma 2004, p. 383).

Los cuidados paliativos, por tanto, no eliminan la patología, que es la causa de la situación dolorosa, pero alivian eficazmente el sufrimiento; mejorar la calidad de vida; cuidan de la persona en su totalidad unificada; ofrecen al paciente una terapia integral; lo defienden del desánimo, el aislamiento y el encierro en sí mismo para que pueda esperar con tranquilidad el curso natural de la enfermedad. Bueno, los Cuidados Paliativos son una excelente ayuda para soportar la severidad y la pesadez del sufrimiento en las etapas pre-terminal y terminal de la existencia.

Se estima que cada año, en Italia, más de 200 mil personas deben ser acompañadas por un abordaje paliativo pero, actualmente, en nuestro país existen 242 hospicios para un total de 3.076 camas (5 por cada 100.000 habitantes), así como Paliativos Locales. Redes de Atención. Además, la mayoría de la población ignora estos tratamientos o no sabe cómo acceder a ellos.

La ilusión y esperanza es que, a pesar de la escasez de recursos económicos, podamos ampliar estas intervenciones, ya que el verdadero y auténtico drama del enfermo terminal es la falta e insuficiencia de esta asistencia.

Gian Maria Comolli (Teólogo y sociólogo)